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martes, 06 de noviembre de 2012

La Pobre Medición de la Pobreza: A propósito del caso Chileno

por Hector Jorquera

Crédito: Eye/See (Flickr).

Cuando a mediados de año el gobierno chileno anunciaba con gran difusión la baja en las tasas de pobreza e indigencia en el país, 15,1% al 14,4%; y  de 3,7% a 2,8%, respectivamente, varias organizaciones de la sociedad civil y destacados economistas, académicos e investigadores, provistos de fundados análisis, salieron al paso de las cifras. A su juicio, no había una disminución significativa y la reducción podría coincidir con el margen de error estadístico, que bordearía el 0,7%.

Más allá de la variable política (el actual gobierno declaraba que en el anterior la pobreza subió y la oposición, que el gobierno habría presionado a la Cepal, entidad que realizaba la medición, para que bajara), los expertos y líderes de opinión, coincidieron en señalar al menos tres aspectos preocupantes en las cifras y el modo en cómo éstos fueron exhibidos:

a) la pobreza se seguía midiendo sólo en base a una línea dada, desde 1987, por una canasta básica de alimentos, esto es, unidimensionalmente

b) no podía politizarse una medición, que pese a ser unidimensional, contaba con consensos políticos básicos y,

c) los cambios socio económicos suscitados en el país, hacían inviable continuar con la actual forma de medir pobreza

A pocos meses de suscitada la polémica, el gobierno anunció dos medidas importantes: no se aplicará este año la CASEN, instrumento con que se realiza la medición y, se creará una nueva institucionalidad,  para hacerse cargo de ello, más autónoma y técnicamente fortalecida. Los anuncios fueron comunicados por el propio Presidente de la República a representantes de instituciones de la sociedad civil, relevando la importancia de ellos  y  revelando que el trabajo técnico, coordinado y visible de las organizaciones civiles, puede incidir en las políticas públicas de forma decisiva.

Chile es visto no sólo como un país exitoso en materia de reducción de pobreza, sino también, serio y probo en materia de estadísticas y las mediciones eran, hasta este episodio, confiables y válidas. Sin embargo, la discusión permitió descorrer el velo sobre lo que se estaba midiendo. Medimos pobreza, a partir de una línea basada en el costo de satisfacer necesidades mínimas alimentarias y no alimentarias v/s el ingreso familiar.

De acuerdo al income poverty paradigm, al que suscribe la medición chilena, se estima pobre a una persona que tenga ingresos mensuales menores a US$ 144. Sin embargo, como ya advertíamos, la composición de la canasta aún  vigente data de 1987, pese a los enormes cambios demográficos y socioeconómicos  acaecidos en el país. Esto es, si se ajustasen los indicadores, la pobreza podría ser el doble de la admitida, algo disonante con los US$ 17.812 per cápita, la inclusión del país en la OCDE y los sólidos indicadores macroeconómicos exhibidos hoy.

La medición de la pobreza, y en general, en todo ámbito que implique evaluar el desarrollo humano de una nación, no puede limitarse a guarismos meramente económicos; así como la construcción de los indicadores para medirla multidimensionalmente , no pueden ser sólo tarea de tecnócratas, sino que requieren múltiples visiones, deliberaciones y consensos.

Desde 1990, el Programa de las Naciones Unidades para el Desarrollo –PNUD- que desde los 90 mide el Indice de Desarrollo Humano – IDH-  a partir de tres dimensiones, en regiones o ciudades de varios países, cuales son: a) vidas largas y saludables, medida a través de la expectativa de vida; (b) conocimiento, medido a través de la tasa  de alfabetismo adulto y la cobertura de educación primaria y secundaria; (c) estándares decentes de vida, medidos a través del producto per cápita (medido en dólares ajustados por paridad de poder  de compra).

En una derivada de ésta medición, el PNUD incorporó el IPH, Índice de Pobreza Humana, como un método multidimensional, orientado a medir privaciones en salud, educación e ingresos, mismas dimensiones evaluadas en el IDH. Atendiendo al nivel de desarrollo económico del país en que se mide, el IDH busca establecer las brechas en cada dimensión y entrega con ello,  información específica para focalizar políticas públicas en cada dimensión.

En lo personal, suscribo a este paradigma, dentro cual se podrían por ejemplo, incorporar mediciones de variables medioambientales asociadas a la salud e ingresos de las personas. Un medioambiente urbano contaminado disminuye la expectativa de vida; un medioambiente sobreexplotado en recursos naturales por ejemplo, dificulta la generación de ingresos en zonas rurales, de modo tal que impacta de modo directo tanto el IDH como en el IPH.

Sin dudas, la sociedad civil chilena ha subido un peldaño en su esfuerzo por mejorar el desarrollo humano del país, ampliando la visión míope del neoliberalismo, al  poner en el centro del debate qué es la pobreza multidimensional, y cómo medirla, cuestión esencial para focalizar las políticas sociales, la inversión pública y los esfuerzos de los emprendedores sociales.

 

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